Entrevistas

PIERRE GONNORD. Me interesa la dignidad humana como constante, como patrimonio de la humanidad.

María (2006) - Pierre Gonnord
Entrevistas | By Pablo Ruiz
30.12.2010
Info complementaria
Mi trabajo es fotográfico aunque haya aprendido y disfrutado de todos los grandes maestros del retrato, sean fotógrafos como Avedon, Penn, Arbus, Sander; o pintores como Goya, Zurbarán, Caravagio, Van Gogh, Memmling...

¿Cuántas veces nos sentimos incómodos delante de una cámara de fotos? Sobre todo, cuando nos dejan solos ante el peligro, ante el objetivo. No sé posar, decimos en un momento de sinceridad esquiva, ante la incapacidad de impostar una actitud propia de modelos y estrellas del celuloide. Queremos salir guapos. Y queremos que todo ocurra rápidamente. Nos ponemos nerviosos y gritamos ¡Dispara ya!, la sentencia de una resignación a la  fulminante muerte por instantánea. Aceptamos que nos inmortalicen, que congelen nuestro cuerpo, aunque no lo reconozcamos como propio. Yo no soy esa persona, reprochamos. Claro: ceci n´est pas une pipe. Esa fotografía no es más que la imagen de un cuerpo inerte. ¿Dónde está el alma? ¿No teníamos miedo, cuando primitivos, a que nos robasen nuestro espíritu en una fotografía? La mayoría de las veces no se cumple este temor y el fotógrafo, armado con una potente cámara, solamente es capaz de cazar cuerpos, rostros desalmados. Pero no es la cámara la que tiene el don de robar el alma. Es la persona que hay detrás del objetivo, el fotógrafo, el artista, quien tiene ese don. Pierre Gonnord es una de esas personas. Dotado de una mirada límpida, es capaz de volver transparente la piel del retratado y desnudar así su mirada. Sus fotografías de gran formato nos permiten concentrarnos en los rasgos de unos rostros que emanan  siempre pura energía. Su obra es considerada una de las más inquietantes aproximaciones a la práctica del retrato contemporáneo.

Algunos artistas siguen viendo en la instantánea fotográfica, una abolición del tiempo, que dicen no ocurre en la pintura, y paradójicamente, califican las imágenes fotográficas de antinaturales e irreales. ¿Cómo está presente el factor tiempo en sus retratos? ¿Los considera instantáneas? Mis fotos no se apoyan en un “instante decisivo” como diría Cartier Bresson. Tal vez todo lo contrario, pues proceden, como radiografías, de un ritual largo y silencioso de encuentro en la intimidad. El tiempo parece abolido, como si viviésemos hace mil años o dentro de otro milenio.

Se ha dicho en múltiples ocasiones que sus retratos parecen cuadros, ¿le gusta que lo califiquen de pictórico? La propia historia del retrato tiene su parte escondida del iceberg en la larga trayectoria del retrato pictórico. Mi trabajo es fotográfico aunque haya aprendido y disfrutado de todos los grandes maestros del retrato, sean fotógrafos como Avedon, Penn, Arbus, Sander; o pintores como Goya, Zurbarán, Caravagio, Van Gogh, Memmling... la lista podría ser demasiado larga. Un maestro sea pintor, fotógrafo, cineasta o escritor, es una clase magistral siempre presente. La literatura me ha influido tal vez más que la pintura, porque un retrato es una pieza silenciosa que se debe leer más que mirar, como un relato de Dostoievski o Faulkner. Los fondos negros, la pose hierática, la escala y la iluminación, se asemejan a la tradición pictórica pero, una vez superados estos códigos, ¡olvidémonos de la pintura!

En la serie “Utópicos” los retratos de Monsieur Jules, de Antonio y de Eladio, muestran un fondo claro, semejante a un marco u hornacina evocadora de una especie de santidad  deconstruida. Estos tres retratos son  aparentemente más luminosos que el resto de sus fotografías, más cercanas a un tenebrismo barroco. ¿Son la excepción que confirma la regla? El color en mi obra está muy controlado. He decidido trabajar ante fondos oscuros pero no por color, sino por la oscuridad que me permite evidenciar dónde me interesa la luz y la penumbra. Generalmente mis modelos llevan un único color dominante en los ropajes, dando protagonismo a sus cuerpos, rostros y piel. Lo que llamamos en inglés flesh, con todos sus matices de color y texturas, se convierte en la geografía principal.

Esa actitud de total transparencia a la hora de hablar de sus referentes le ha llevado incluso a exponer sus retratos en pinacotecas, junto a las  pinturas de maestros del pasado. El resultado de ese encuentro expositivo, más interesante aún que el que ubica sus fotografías en el vértice de una tradición histórica retratística, es el que descubre el carácter atemporal de los rostros retratados en las pinturas de los grandes maestros.  En ambos casos, son rostros especiales, distintos, que cautivan la mirada. En el pasado fueron anónimos, santos y verdugos, pero en la actualidad, en su obra, tienen nombre propio. ¿Quiénes son los protagonistas de sus retratos? Son mis contemporáneos. La gente hacia quien voy para un encuentro, sea breve o duradero; son personas pertenecientes a grupos humanos que viven alejados del “mainstream” urbano. Intento acercarme a otras realidades humanas y sociales. Son personas con fuerte carisma y carácter pero a la vez, tras el retrato, me interesa la indagación en la parte común de humanidad atemporal y universal. Me gusta que cada persona, aunque pueda vivir en la punta opuesta del espectro, se pueda reconocer como en un espejo.

¿Cómo conoce a sus modelos y los convence para que se dejen fotografiar? El ritual fotográfico es una etapa muy posterior en la aventura del encuentro con las personas que elijo. La mayoría de los individuos a  quien me dirijo rechazan la idea de mi proyecto. Son muy pocos los que entienden mis intenciones y por fin, después de conocernos mejor, aceptan realizar el encuentro, en su territorio.

En alguna ocasión hemos podido leer que su mundo es el de los marginados, que retrata pobres, gente sin esperanza, perdedores de la vida. Tengo entendido que ésta es una interpretación de su trabajo que le resulta especialmente molesta y que prefiere el término “desplazado” para referirse a las personas que retrata. Me interesa la dignidad humana como constante, como patrimonio de la humanidad. Creo que mis retratos la celebran con evidencia. Mis retratos son de “aristócratas” independientes y con fuerza espiritual, sea cual sea su procedencia. Al mismo tiempo, como compromiso social, he elegido dar visibilidad a esos colectivos que, en los tiempos que corren, merecen una atención muy especial.

Usted mismo se considera un desplazado. En 1988, con 26 años decide abandonar su Francia natal para venir a Madrid. ¿Qué motivó este desplazamiento? Yo era muy joven y la historia personal, la generosidad de Madrid y España, me propiciaron muchas oportunidades felices. Madrid es mi ciudad y aquí sigo. Aquí he hecho y he vivido mucho: amistades, historia sentimental, mi proyecto personal...

De sí mismo ha dicho que es un ser solitario que retrata gente solitaria. Sin embargo,  no puede negar que la amistad ha sido muy importante en su vida. Los amigos le ayudaron a remontar un pasaje de tristeza causado por la muerte de un ser querido y de alguna forma, ayudaron a que en 1999 aflorase su pasión por la fotografía. ¿No trabajó nunca como fotógrafo hasta esta fecha? ¿Cuál fue su trabajo anterior? Estudié economía en Paris y en los años siguientes me gané la vida en departamentos de marketing de varias empresas.

Con el tiempo, el hacer fotos se ha convertido en algo más que una profesión, se ha convertido en un estilo de vida, una forma de sentirse integrado en la sociedad. Cuando hace retratos se produce una comunicación con el otro que califica de catarsis. ¿De no haberse convertido en fotógrafo, qué hubiese hecho para acercarse a tantas personas como las que ha retratado en todos estos años? No puedo imaginar lo que pudo haber ocurrido. Creo que la personalidad de cada uno le lleva siempre, por un camino u otro, hacia una misma forma de ver la vida. Mi interés por descubrir otras realidades dentro de nuestra propia sociedad y hablar de ello, es esa constante. Pero la suerte y las oportunidades influyen enormemente. Mi encuentro con Juana de Aizpuru, señora con talento, inteligencia y magnífico proyecto dentro del panorama artístico, me ha permitido desarrollar mi proyecto personal vinculándolo a un determinado soporte y sector. 
       
Al principio era una persona tímida y sólo retrataba a gente de su entorno. Luego bajó a la calle y retrató personas conectadas con la modernidad, atraído por una nueva raza urbana multirracial. Más tarde buscó esos otros rostros diferentes fuera, en el Lejano Oriente. Buscó dentro, en la cárcel. Buscó en los poblados gitanos. Y en ese afán de conocer personas, lo último que ha hecho ha sido lanzarse con su estudio On the road, llegando  incluso a adentrarse en las entrañas de la tierra. En su última exposición “Tierra de nadie” retrata a mineros de las cuencas de Asturias y León. Las vivencias han sido cada vez más intensas. ¿Es éste un viaje sin retorno? ¿Qué hace que una experiencia sea más intensa que la anterior? No es un viaje sin retorno; es un viaje diario que se repite cada mañana y se asemeja, en la calidad del encuentro humano y la sensación de poder abolir fronteras, a una libertad muy grande.
    
Por primera vez, en esta última exposición, ha incluido fotografías de paisajes. ¿Se ha decidido a recorrer otros caminos? ¿Qué ha supuesto este nuevo modelo? Un viaje itinerante ha sido una oportunidad para dirigir la mirada hacia los paisajes que conviven con esas personas del mundo rural que he retratado. Es el inicio de un nuevo proyecto, más amplio, que acompaña el proyecto de retratística. Hay que darse libertad, gozar del trabajo experimental y, en ocasiones, llegar incluso a contradecirse o equivocarse. La contradicción, decía Jean Cocteau, es un lujo. Te da alas.

¿Cómo describiría la relación que mantiene con los retratados? ¿Puede llegar a ser amistad? La amistad es una palabra sagrada. En mis encuentros hay gente con quien mantengo una relación humana duradera, respetuosa y afectuosa.

¿Alguna vez se ha encontrado ante la imposibilidad de penetrar un rostro? Hay días en que uno no funciona. Depende más de ti que del otro. La persona retratada debe trascender, tras tu mirada, su propia identidad. Hay días en que no sabemos contemplar. Otros días somos como médiums.

En alguna ocasión ha dicho que en su ritual fotográfico intenta escribir una especie de diario y que se siente retratado en los rostros que fotografía, ¿ha probado a autorretratarse? Reconozco que no me interesa. Mi rostro carece del carisma y de la Force d´Âme que veo y admiro en las personas que me interesan.
   
“Force d´Âme”. Ánimo, valor. Continuamente leemos que sus retratos son “primeros planos del alma” y que su manera de hacer “muestra, captura, capta un pedazo del alma”. Han llegado a llamarle  “El escrutador de almas”  ¿Hay que creer en la existencia del alma para poder retratarla? No creo en estas cosas del alma, del espejo del alma... Somos cuerpo, pensamiento, sentimiento. El retratista lanza el cubo al pozo para intentar extraer algunas preguntas y contemplar esa complejidad. La complejidad misteriosa de la condición humana.

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