Entrevistas

ELIO RODRÍGUEZ - EL MACHO. Todo empezó como un juego, sin mayores pretensiones, pero poco a poco se fue conformando en un personaje, una marca.

Elio Rodríguez
Entrevistas | By Pablo Ruiz
10.03.2010
Info complementaria
Publicado en DXI37 - Marzo 2010

Más de 90 especies diferentes de palmas pueblan los parques y jardines de Cuba. Hay tantas palmeras en la isla, que hasta en el propio escudo de la nación crece una de ellas: la Palma Real, el árbol nacional. No es casualidad que el símbolo identificador de la “apuesta empresarial” del artista cubano Elio Rodríguez, sea también otra palmera, una nueva especie evolucionada del poder fálico de la ensalzada Palma Real. Una palma erecta se erige en festiva explosión como “sexótica” imagen corporativa de la Macho Enterprise. S.A., la marca ideada para aglutinar y gestionar la producción artística de Elio Rodríguez, el Macho.

A mediados de los 80 las norteamericanas Guerrilla Girls, desde el anonimato que les confería sus máscaras de gorila, nos hacían reflexionar sobre el estereotipo de la mujer como objeto sexual y nos concienciaban sobre su discriminación en el mundo del arte. Unos años más tarde, no demasiado lejos de los Estados Unidos, Elio Rodríguez se autoproclamaba a cara descubierta y a calzón bajado, como “El Macho”. ¿Qué particular guerrilla alistó a “El Macho” para salir a la escena artística? Surgió a partir de una exposición personal que hice en la Habana en el año 1991, que se llamaba “El Macho”, en alusión a la tesis que sustentaba la expo: El machismo como hilo conductor en la cultura cubana, en el deporte, en la política, el arte, la religión, etc. Claro, la gente empezó a preguntarse quién era el Macho, y por supuesto, presupusieron que era yo y empezaron a llamarme así. Entonces asumí el personaje como un heterónimo desde el cual poder expresar las ideas que me preocupaban, desde donde se sublimaran los clichés y los prejuicios que tenemos sobre las identidades. Todo empezó como un juego, sin mayores pretensiones, pero poco a poco se fue conformando en un personaje, una marca.

Con un pseudónimo un artista puede ocultar su verdadero nombre, pero usando un heterónimo puede jugar a ser quien no es, llegando incluso en esta impostura a evidenciar facetas latentes de su personalidad. ¿Alguna vez son Elio y “El Macho” la misma persona? Claro que el Macho no soy yo, pero sí encarno al personaje. Lo uso para “presentarme en sociedad”, pero sólo porque es inevitable hacerlo de otra manera. Después de conocer la obra, la gente espera lo mismo del artista… es otro cliché que nos domina como tantos. Lo importante es tener claro que es sólo un personaje, y no asumirlo en el espacio privado. El Macho tiene altas dosis de humor, se burla de lo que representa, es imposible llevarlo todo el tiempo. Es una puesta en escena que sólo hago cuando es necesario. No creo que el Macho retrate mi verdadera personalidad. Es sólo una representación de los estereotipos que nos creamos sobre las identidades, y sería tonto si me creyera ser aquello de lo que me burlo.

Tu obra se sitúa en torno al espacio discursivo de la identidad. Según Derrida, la construcción de la identidad se basa en un ejercicio de exclusión que da como resultado la confrontación de dos conceptos opuestos: lo esencial y lo marcado. “Hombre” se opone al concepto marcado “mujer”, como “blanco”  lo hace a “negro”. Bajo esta perspectiva, la construcción de identidad en tu obra participaría de una doble naturaleza, pues se sitúa simultáneamente en lo marcado y lo no marcado. Elio es “hombre” y es “negro”. Quizá la clave estribe en reconciliar estos dos términos en una única imagen: “El Macho” ardiente del Caribe. ¿Cómo defines el proceso de construcción de identidad en tu obra? La construcción de las “identidades” que expongo se hacen a partir de estereotipos. Mucha de mi obra habla de las identidades que construimos para diferenciarnos del otro, pero que al final terminamos creyendo. Generalmente éstas son un proceso de resistencia, surgen de grupos dominados donde el dominador no se preocupa mucho por definirse; ya de por sí lo definen sus actos. Como dice Wole Soyinka: “el tigre no anuncia su tigritud, el tigre ataca y sabemos que existe por el rastro de sangre que deja detrás”.

Disfrazada de una falsa apariencia machista y narcisista, tu obra siempre es erótica, pero también tiene un marcado carácter político. Tu obra denuncia cómo los aparatos ideológicos usan los mecanismos de identificación para imponerse, para dominar. Tu obra se ríe de los roles sexuales y a la vez cuestiona los mitos de la identidad cubana. ¿Puede tu obra entenderse como feminista en un sentido universal, y de resistencia en un sentido más local? Me gustaría que mi obra se entendiera como “cuestionadora” en un sentido bien amplio, cuestionadora de todo arquetipo, de toda definición, de lo aparente. Lo que pasa es que mi obra cuestiona, pero generalmente desde el humor, desde lo “popular”. Esta estrategia no es muy común en las artes visuales (que para mi gusto se han convertido en algo un poco aburrido, demasiado serio), aunque para mí es muy valiosa. En realidad yo no abogo directamente por ningún grupo, no soy machista, ni feminista, ni pan-africano, ni pro-gay. Sólo soy un artista que se cuestiona las estructuras que definen estos grupos, pero que prefiere andar como un francotirador, suelto, sin compromiso, para poder ser lo más imparcial, para poder reírme de lo que critico, y si es posible, de mí mismo.

Hasta el momento hemos hablado de un tipo de identidad impuesta por la modalidad de poder específica de la Cuba actual, pero también podríamos hablar de otro tipo de identificación más natural y espontánea: la que surge de la identificación con una colectividad con características compartidas. ¿Te identificas con la gente de Cuba? ¿Qué lectura haces de la archirepetida frase cubana “Patria o muerte”? Hay un chiste en Cuba que dice: “Patria o Muerte… Y perdonen la redundancia”. Mi identificación con el pueblo cubano es la normal de alguien que se siente parte del pueblo. Yo sigo siendo el negrito de familia pobre de la Habana Vieja, nunca seré el intelectual empotrado en su burbuja que mira su tradición como externa. Soy artista cubano, para bien y para mal, y aunque viva en España, mi estructura de pensamiento, mi manera de ver la “realidad” se formó allí. Trato de hacer arte sin apellidos, pero soy consciente de que muchas referencias de mi obra vienen de allá, aunque también de Nueva York y de España.

¿Cómo se te ocurrió crear una sociedad anónima en Cuba: la Macho Enterprise S.A.? Macho Enterprise S.A. se creó en el año 1994, cuando Cuba atravesaba una crisis económica profunda. Fue entonces cuando, de ser un país cerrado al mundo (el contacto era con el bloque socialista y la información sobre el mundo era -y lo es en todos lados- parcial e interesada), pasó a abrirse a las empresas capitalistas y al turismo. Entonces surgió Macho Enterprise S.A. como un comentario de las “negociaciones” de todo tipo que venían ocurriendo en el país y del papel que el mercado y la publicidad tiene en nuestras vidas; pero también como una forma de englobar toda mi obra, de “empaquetarla”, de dar un barniz “serio” a algo que estaba signado por el humor. Recuerdo que al principio hice una performance donde di una conferencia de prensa anunciando la empresa, ayudándome de dos actores: uno traducía al inglés y el otro improvisaba de manera humorística en el lenguaje de los mudos. En el centro estaba yo, leyendo qué era Macho Enterprise S.A., sus antecedentes, su estructura y empresas, todo esto apoyado con proyecciones de mis obras y manipulaciones de obras de otros artistas que supuestamente trabajaban para mí (Andy Warhol, Madonna, Robert Mapplethorpe). Después me di cuenta de que esta “empresa” podía darme más “ganancias”, preservándola para aglutinar mi obra. Y así se ha mantenido hasta ahora. En mi sitio web está el texto que usé para la conferencia. 

En ese juego continuo de irreverencias, te has atrevido incluso con la obra de Wilfredo Lam… Sí, pero no creo que haya sido una irreverencia sino un homenaje. Fue parte de aquella exposición “El Macho”. En este caso, traté de ver el papel subliminal que la sexualidad jugaba en su obra (que es un paradigma dentro del Arte Cubano por ser parte de la colección permanente del MOMA). Mi estrategia fue cambiarle el género: de una pintura bidimensional, construí una escultura blanda blanca que sacaba a un primer plano los volúmenes y “escarceos” que supuestamente estaban escondidos en la obra del maestro. Soy de un barrio pobre de la Habana Vieja, donde todo está mezclado, superpuesto, donde el sudor transparenta la ropa, la gente te toca constantemente y el doble sentido es una manera cotidiana de relacionarse…

Tu obra ha sido incluida dentro de lo que en Cuba se define como “subjetividades laterales”. ¿Es éste un tipo de desplazamiento?
Quizás. Creo que esto tiene que ver con mi manera de trabajar en Cuba. Yo siempre preferí no “aliarme” a ningún grupo o institución. Me fui haciendo poco a poco, yo solo, nunca formé parte de ninguna selección.

Otro tipo de desplazamiento es el que te lleva, superando el aislamiento característico de tu isla, hasta esa otra orilla tan deseada como demonizada. ¿Cómo fue ese primer salto? 1994... yo tenía sólo 23 años y fue toda una experiencia, más contando que en Cuba los ciudadanos normales no tienen posibilidades de viajar. Así que imagina lo que significó para un joven cubano salir de la modesta Habana Vieja y aparecer directamente en Manhattan para una exposición personal. ¡Eso cambia las referencias en todos los sentidos!

Todo proceso de identificación está siempre en construcción. La idea de incorporación a una verdad es sólo una ilusión transitoria. Ahora estás lejos de Cuba pero sigues viviendo rodeado de palmeras (parece ser tu destino). Vives en España, en Elche. ¿En qué ha cambiado tu obra y la percepción que tienes de ti mismo? Mi obra se nutre de lo que vivo más que de lo que leo, soy más un artista popular que intelectual. De hecho, algo que me viene preocupando en mis últimas obras es el pensamiento de cuál es el porcentaje de elementos que necesita mi obra para seguir viéndose como “cubana”, contando con todos los elementos de otras culturas que la van conformando también. En realidad no vine buscando El Dorado. Estaba en España de tránsito hacia Bélgica, invitado a una exposición aquí, y conocí a Susana. Ella fue la que me impulsó a establecerme aquí. No fue algo premeditado, aunque el idioma y el clima ayudan, ¿no?

Recientemente has tenido un hijo con Susana. Esto les habrá transformado como artistas. ¿Está menos politizada tu obra actual? ¿Se ha vuelto de alguna manera más femenina? ¿Puede llegar a cambiar el sentido de lo erótico en tus piezas? Me imagino que mi obra sigue con las mismas preocupaciones, se nutre de donde vivo, de mis experiencias vitales; no vive de recuerdos, sino del momento. Algo que me ha transformado es mi relación con mi esposa, Susana Guerrero, una magnifica artista a la que admiro. Me alimenta trabajar a su lado, compartir sus experiencias, ver su proceso de creación (que no tiene nada que ver con el mío). Lo erótico en mi obra depende del momento y del género: cuando trabajo la escultura se basa más en las formas, en los materiales, es mas abstracto. Cuando aparece en las obras bidimensionales uso más lo representacional, las iconografías establecidas, juego más con lo aparente, pero no es el fin sino un medio más.
 

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