Cada vez más el mundo aflora como idea global de las posibilidades de la tecnología, la economía y las culturas. La respuesta personal de enfrentar este desarrollo es una investigación sobre la vida, su identidad duradera, lejana, y los elementos esenciales de la misma. Debido a que esta clase de investigación se está efectuando a través la actitud mental de las personas, éstas se dan cuenta de que pueden cambiar y redefinir su ambiente y su identificación permanentemente. Nicola Stattmann
NO NOS CABE DUDA QUE EL HOMBRE (COMO SER GREGARIO) HA ESTABLECIDO SOBRE EL RESTO DE SERES UN DOMINIO ÉTNICO, POSIBLE GRACIAS AL USO DE CIERTAS TÉCNICAS, QUE ANTES QUE GENERAR UN NUEVO ORDEN NATURAL EN LA RELACIÓN HOMBRE-ENTORNO, HAN DESINTEGRADO TODAS LAS LÓGICAS POR EL ANHELO DE TRANSITAR DE LO NATURAL A LO ARTIFICIAL. A TRAVÉS DEL PARADIGMA DE LA INDUSTRIALIZACIÓN, EL MOVIMIENTO MODERNO HA CREADO Y MATERIALIZADO UN IMAGINARIO DE OBJETOS PLENAMENTE ARTIFICIALES, CREADOS A TRAVÉS DEL NUEVO POTENCIAL CREATIVO DEL HOMBRE (EL IDEAL DEL DISEÑO), DESARROLLADO CON EL DOMINIO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS PUESTAS A SU ALCANCE Y APLICADAS EN POS DE UN MUNDO MEJOR (NUEVOS MATERIALES, NUEVAS TÉCNICAS Y PROCESADO, NUEVOS USOS, NUEVAS PROYECCIONES DEL HOMBRE). TODO ELLO NOS HA LLEVADO A LA ESCENIFICACIÓN DE UN EVIDENTE -PERO NO AUTÉNTICO- ELEMENTO PRIMARIO, QUE HASTA NUESTROS DÍAS HA PRETENDIDO CONSTITUIRSE EN UNA ALTERNATIVA AL ENTORNO PRIMARIO DE LA NATURALEZA, QUERIENDO CONVERTIRSE EN NATURAL.
Trabajado en clave de paralelismos y construido con ideas entresacadas del trabajo de Gillo Dorfles Naturaleza y Artificio, valga el siguiente texto como constatación del caos y pérdida de lógica discursiva, de contradicción y sin sentido palpable en nuestro devenir sobre la problemática del diseño que pretende recodificar lo natural; y como posicionamiento ante la necesidad de buscar y reencontrar el equilibrio entre hombre y naturaleza.
Nuestro anhelo es alcanzar la dimensión interior de las cosas y reconocer su configuración, la que nos mantiene a todos unidos. Porque seguimos considerando el objeto creado por el Hombre prescindiendo de toda distinción en relación a su producción y elaboración, podemos constatar que, en una primera fase, tal objeto puede ser entendido como un instrumento capaz de potenciar y prolongar en cierto sentido las facultades operativas del individuo.
El ordenador es nuestra herramienta. Somos parte de la naturaleza y actuamos de acuerdo con nuestros principios. No debemos hacer algo sin una razón. Nos sentimos responsables de nuestras acciones. Por eso, en una segunda fase, concebimos al objeto como formando parte ya -en un sentido autónomo- de nuestro background ambiental, de nuestro entorno, de nuestros alrededores.
Descubrimos modelos de perfección, de felicidad en las cosas pequeñas de la vida cotidiana. Descubrimos la honestidad de una forma. Sabemos que ello se consigue pero es imposible cuando tenemos que dejar otras cosas fuera. De ningún modo podemos renunciar a las emociones. En estos días la sensibilidad es el nuevo funcionalismo. Justificaciones que pueden tener valor desde un punto de vista antropológico, del estudio de una determinada época cultural, que pueden tener en cuenta el surgimiento de los objetos reproducidos por el hombre como si antes no hubiesen existido jamás, deben, por el contrario, ceder lugar -en un estudio que considere el estado actual de las cosas- a una valoración de los objetos como constitutivos de una clase autónoma con la que el hombre mantiene una relación muy particular, que podrá ser la integradora (el objeto como instrumento y prolongación de su misma persona), pero que también podrá ser la contra-positiva (el objeto como cuerpo extraño, como elemento del que es necesario adueñarse o que hay que descartar).
Naturaleza como excelencia. La naturaleza es el modelo a imitar para evitar los excesos, en la medida en que la investiguemos minuciosamente y tratemos de revelar el secreto de su perfecto diseño. En efecto, en determinado momento el objeto creado por el hombre se torna análogo al que podríamos definir como objeto creado por la naturaleza, o sea, elemento natural surgido espontáneamente pero que asume ante el ojo del espectador un carácter objetual.
Sensatez social, pues no estamos solos en este planeta y nuestro devenir en él es simplemente un préstamo temporal. Un sentimiento indeciso de responsabilidad discurre de la misma manera que una pista falsa a través de nuestras cuatro paredes, tocando cada trozo de mobiliario. Si de la arquitectura pasamos a considerar el diseño industrial, nos encontraremos en un terreno más sólido aunque no menos peligroso. Más sólido porque, al menos aquí, se trata de objetos totalmente artificiales, creados ex novo por el Hombre, casi siempre con materiales nuevos o tratados de manera tecnológicamente nueva, y capaces de constituir, ellos sí, el verdadero elemento primario en contacto constante con la humanidad actual.
¿Qué tan lejos podemos llegar? Descifrar el genoma humano se ha convertido en el símbolo de un estilo de vida que ve el mundo como una suma de posibilidades. El mundo comprende la diversidad, y el análisis de su identidad potencial se convierte en búsqueda de un modelo de vida para la cual esa diversidad es esencial. Es en este sentido que experimentamos la elaboración de la identidad que nos motiva. Los productos que nos acompañan son las ayudas inteligentes que se recuperan. Son sencillos, pero no simples. Por lo tanto nada puede ser light ni en su epidermis ni en su estructuración. En los detalles y a través de los detalles se hace consistente el producto. Solamente tras una segunda mirada revelan su potencial, de qué son capaces. Aprendemos al tiempo que los productos nos acompañan en el transcurso de toda nuestra vida. Bastaría este último hecho para convencernos de la importancia increíble del diseño industrial en la determinación de nuestro criterio estético, de nuestra relación con la naturaleza. Si hay alguna esperanza de un futuro artísticamente mejor, ésta puede provenir en buena parte de este sector.
Vivimos fascinados por los diseños de los laboratorios de investigación espacial. Parece que nuestras sillas hayan sido ideadas para la ingravidez, al menos parece que puedan volar. Los materiales usados en ingeniería estética se elijen a causa de sus óptimas propiedades en términos de estática, de percepción, por tecnología, por comodidad y por estética. Los diferentes motivos y decorados se desarrollan independientemente de las formas y los materiales. Los nuevos procedimientos de fabricación generan detalles no habituales y fascinantes. Aquí es donde está situado quizás el centro del problema. Existe un punto de encuentro, demasiado delicado para poder ser cabalmente analizado en pocas líneas, pero que ciertamente encierra el secreto de la efectiva participación del gran público en la producción del arte popular de nuestros días y, en cierto sentido, podrá encerrar también las modalidades de una futura participación del consumidor en la modificación del objeto industrialmente producido.
Encanto general del mercado, pues las cosas, que no prometen lo que no pueden dar, suponen una atracción mágica para nosotros. Son las cosas simples de la vida cotidiana, sólo una función moldeada en una forma apropiada. Son productos en la perfección humana. Sin embargo, la intervención activa del público sobre la creación del producto industrial no puede limitarse a lo recién esbozado. O mejor: no debe... si queremos que este impulso creador y formativo no se apague en la humanidad y quede sólo como prerrogativa de exiguas élites. Por eso creo que justamente como consecuencia de la puesta en circulación en el mercado de miles y miles de objetos idénticos, el Hombre se ve estimulado a modificarlos.
El mundo (el universo vivencial, el espacio emocional) aparece ante nosotros como un concepto global de posibilidades técnicas, económicas y culturales. Suscita en nosotros una curiosidad eterna y una búsqueda permanente de aquellas cosas que consideraremos de forma particular esenciales para nuestro devenir. Esta búsqueda se hace filosofía y nos permite, a través de nuevas tomas de conciencia, adquisición y generación de nuevos valores, que nos volvamos a definir constantemente, a nosotros mismos y nuestro medio ambiente. El mundo es percibido como suma de posibilidades. Con el escepticismo del investigador, lo observamos, lo analizamos y lo perseguimos en busca de lo esencial. En esta búsqueda, necesitamos instrumentos inteligentes, cosas cómodas, confortables y evolutivas, que nos presten ayuda y atención, desde una premisa eminentemente emocional, que nos acompañen y permitan asumir nuestra soledad individual. Estos productos se distinguen por una sencillez consumada hasta en el menor detalle. Ofrecen soluciones inteligentes y a la medida, soluciones perfectas y simples. Se adaptan con flexibilidad y de manera evidente. Aún en la ignorancia por parte del consumidor de todo nombre y método referente a la producción del objeto, y aún en la convicción por parte del diseñador de que da vida a un producto original y autónomo, existe una cierta simbiosis de gustos, de usos, de funciones... en virtud de la cual toda una categoría de objetos de consumo es creada como arte popular para goce y satisfacción del público. Y, por otro lado, un impulso igual y con dirección contraria se determina por parte de la masa y llega a influenciar directa o indirectamente al diseñador, el cual se ve inducido a idear -justamente en virtud de ese feed-back- un determinado objeto.
El diseño experimental se hace eco de prácticas actuales que van desde los dominios del saber artesanal hasta la tecnología y los materiales de última generación, territorios de expresión antaño opuestos. Comunidades de diseñadores produciendo en micro-laboratorios experimentan variantes, injertos, fusiones, reciclajes, mezclas… de resonancias singulares entre arte, artesanado e industria. Esta corriente, puesta en evidencia durante estos últimos años por el diseño neerlandés, se constituye hoy como fuente poderosa de inspiración de la producción industrial internacional. He ahí por qué al hablar hoy de arte popular resulta imposible prescindir del sector del diseño industrial, que constituye la única prolongación directa de aquella vis formativa que habrá de salvaguardar, también en el futuro, la posibilidad de conservar en el hombre su impulso a estructurar artísticamente su dominio étnico.