Diseño

FRENTE AL DISEÑO SIN CONVICCIONES, se impone la originalidad y audacia de los recién llegados.

“Brigitte” de Enrique Illanez es una cabaña hecha de pequeñas tablillas de madera cosidas
Diseño | By Manuel Lecuona
03.04.2011
Info complementaria
DXI41 - Marzo 2011

En los años 80, Tierno Galván, reflexionando sobre la modernidad(1) desde el punto de vista del materialismo histórico, nos hizo comprender que la mayoría de las ideas que recibíamos y en las que nos instalábamos eran procesadas como si fueran definitivas e inalterables, por lo cual el concepto de modernidad llevaba implícito que lo moderno se acababa para siempre.

Muchas son las actividades y muchos los hacedores que procuran evadirse de este pensamiento sin conseguirlo. El diseño es una de esas actividades. Los diseñadores asumen lo moderno como la transformación de lo antiguo, de modo que el mundo y sus fundamentos se ven con ojos nuevos. Para el diseño y una amplia mayoría de sus practicantes, la cualidad de moderno no es entendida como categoría cultural con la que definir un segmento de la historia, ni como significado de una nueva concepción cultural que expresa el cambio del propio proceso histórico… Aspecto que ilustra claramente Vicente Verdú(2) desde una perspectiva sociológica de la modernidad y sus subproductos (la  innovación), y que viene a ratificar lo esbozado por Tierno Galván, al señalar que factores estructurales de la sociedad moderna como las amistades y las parejas se convierten en efímeras, los contratos en temporales, la comunicación en anónima… rompiendo la lógica de lo inmutable. Por eso me atrevo a conjeturar que la cualidad del desorden es una fuente de innovación decisiva en la construcción de la modernidad y del cambio en el proceso histórico. Lo comentado se observa ampliamente en las valoraciones que los gurús (los padres espirituales de la gestión empresarial y de las políticas económicas y sociales) hacen sobre las aportaciones del diseño a la innovación, identificadas directamente con la personalidad y el modo de entender el trabajo de los diseñadores. La sociedad empresarial y productiva percibe el comportamiento del diseñador como algo caótico e inadecuado, como una respuesta al entorno cambiante e igualmente caótico de la empresa, los mercados, las sociedades… Así acontece la práctica actual del diseño como factor de lo moderno, lejos de la conciencia del proceso histórico como sucesión de modernidades.

Durante el siglo XX, la visión el mundo a través de los códigos de la física, los avances de la penicilina, la gestión tecnológica de la comunicación radiofónica y televisiva, el prodigio de la aviación, la mecanización de distintos ámbitos mediante el uso de la electricidad… nos emocionó. La conmoción ha venido de la mano de todos estos fenómenos, percibidos e interpretados en claves visuales, formales; apreciaciones sensoriales fundamentadas en los propios canales de difusión y no en la composición y contenidos de los mensajes. Las novedades meramente científicas o técnicas que son resultado del desarrollo o fruto de auténticas innovaciones, son modernas sólo cuando se incluyen en una concepción del mundo. El diseño como factor de visión y modelización se ha ensamblado y supeditado a esas innovaciones tecnológicas y sensoriales como medio líquido, sin una concepción alternativa del mundo.
En este contexto, para evitar caer en un conflicto entre extremos opuestos, la parte más inteligente del diseño apunta, como dice Zigmunt Bauman, hacia una Modernidad Líquida(3). Es decir, una modernidad que no produce modelos rígidos, ni teoremas científicos, ni metodologías universales, sino que busca soluciones reversibles, sistemas incompletos, resultados provisionales. Los comienzos del siglo XXI se parecen mucho a los del siglo XX: años de vértigo con cambios en la cultura occidental, como describe e ilustra Robert Hughes(4)… elementos explosivos de realidad actual, como los descritos por Vicente Verdú: comunicaciones susurradoras, sociedad sin lucha de clases y sin clases, precio cero y anonadamiento del valor de los productos y servicios.
Sin porvenir hay barra libre. El porvenir no existe puesto que no se vislumbra un cambio en el proceso histórico. Actualmente, en referencia a periodos pasados, no sabemos dónde vamos a parar. Cuando tras más de un decenio de prosperidad creíamos que la economía había terminado con sus ciclos, sobreviene la ruina mayor del siglo; mientras creíamos que el problema de los injertos había alcanzado la cima, llegan las células madre; cuando suponíamos una nueva contienda entre civilizaciones, el Islam reacciona hacia una democracia occidental… Vivimos una modernidad sin forma definida que, como el líquido, adopta la forma de su propio continente. Una modernidad que continúa y tiende a cambiar para adaptarse a lo nuevo. Un mundo flexible para un hombre flexible, como dice Richard Sennet(5).

Frente a la práctica de un diseño sin convicciones, se antepone la actitud siempre original y a veces audaz de los recién llegados al diseño. Las propuestas de las últimas generaciones se enfocan hacia las nuevas tecnologías pero van más allá de la improvisación, sobre todo al gestionar el paso de ideas a prototipos, asumiendo el compromiso de pequeñas ediciones. Esto genera un lenguaje estético menos cuestionado por las consideraciones industriales, donde se acepta lo poco convencional, lo llamativo, lo ambicioso, las visiones de futuro del diseño joven.

En la plataforma internacional del [d]3 de la Imm Cologne 2011 se ha consolidado una muestra de diseño que irradia creatividad y actúa como foro de debate al mezclar diseño experimental y oferta de mercado en la industria de mobiliario. Este contraste entre lo comercial y lo experimental es para muchos el mayor atractivo de la [d]3, que ha puesto de manifiesto tres posturas claramente definidas.

• NUEVAS FUNCIONES + ESTRUCTURAS + MATERIALES • SIMBOLISMO + FUNCIONES + MATERIALES • TRADICIÓN + NUEVOS MATERIALES + NUEVOS PROCESOS


 

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