Cultura

Quiubo Marica, Bien, Güevón

Fotografías: Pablo Ruiz
Cultura | By Adriana Margarita Plazas Salamanca
09.10.2011
Info complementaria
DXI43 - Adolescente

EL SALUDO EN TODAS LAS CULTURAS Y EN TODAS LAS LENGUAS CUMPLE CON LA FUNCIÓN SOCIAL DE CORTESÍA UTILIZANDO FÓRMULAS RITUALES QUE VINCULAN LA PALABRA Y EL GESTO PARA INICIAR UNA CONVERSACIÓN. DESDE LA INCLINACIÓN DE CABEZA, EL BESO EN LA MEJILLA O EL ESTRECHAR DE LAS MANOS ACOMPAÑADOS POR FRASES CONVENCIONALES HASTA EL GOLPE DE NUDILLOS O EL GOLPE EN LA ESPALDA, EL SALUDO MANIFIESTA EXPLÍCITAMENTE LA PERTENENCIA A ALGUNA CULTURA.

Un primer acercamiento al uso habitual del habla por parte de los jóvenes permite observar el elevado incremento de las formas vulgares en ámbitos referidos a la valoración de las personas, los apreciativos, los peyorativos, la utilización de términos que provienen del mundo animal, términos para referirse a las relaciones afectivas o para expresar bajo estado de ánimo, el uso de muletillas. Dicho incremento está fomentado por los medios que reproducen indiscriminadamente estilos vulgares para captar una mayor audiencia joven. Por otra parte, hay en el vocabulario de los jóvenes un aumento de términos que provienen de los sociolectos marginales  como el de las drogas o la delincuencia, los cuales han sido adoptados como formas de subvertir el orden desde la lengua o de tomar una posición contestataria frente a la vida.

Los jóvenes de la ciudad de Bogotá se saludan utilizando dos formas convencionales. Una es el tuteo de distancia y la otra es el tuteo de confianza. La primera es usada por hablantes con mayor estatus, quienes lo aplican a un recién conocido, la segunda es de uso general entre pares. Se ha observado que el tuteo se está  expandiendo desde la clase alta y desde el uso lingüístico de los jóvenes, quienes muchas veces no tienen claro qué forma es adecuada para una situación dada. Actualmente en Bogotá se utilizan, además del mencionado tuteo, la forma “usted” tanto en estilo formal como informal cuidadoso (‘ustedeo’ de confianza) y el “su merced” muy poco utilizado en la población joven.

Frente a las formas de tratamiento, el tuteo o el voseo sirven para expresar la familiaridad, la informalidad, la solidaridad, cuando el trato es recíproco, y el acercamiento psicológico o afectivo. Si el trato no es recíproco puede deberse a la menor autoridad o mayor juventud del que recibe estos tratamientos. En el caso de tratamiento no recíproco, el pronombre “usted” expresa la formalidad o el poder hacia quien tiene mayor autoridad o jerarquía o más edad; también hay un “usted” solidario y formal que se emplea entre iguales cuando se quiere mantener una distancia o cuando entran en juego variantes como la mayor edad de uno de los interlocutores pero mayor prestigio social del otro.

En el habla cotidiana, las formas de saludo formal no dan cabida a mucha creatividad. Sin embargo, en los registros informales y en los sociolectos se pueden encontrar saludos interesantes:

A: Qué hubo, güevón.
B: Qué hubo, marica.
A: Qué dice, bien o qué.
B: Bien, güevón.
A: ¿Vio el video?
B: ¿Cuál?
A: ¿Cuál, güevón?

Aquí se utilizan las expresiones ‘güevón’ y ‘marica’ como vocativos, con función apelativa, con los cuales los interlocutores hacen énfasis en la comunicación. Es más expresivo para los jóvenes utilizar fórmulas como las observadas arriba, que el uso de las formas tradicionales ‘¿cómo esta?’, ‘¿cómo me le va?’, ‘¿cómo va?’, ‘¿quiubos?’. A continuación se presenta una colección de fórmulas de saludo utilizadas por hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 14 y 25 años.

SALUDOS ENTRE HOMBRES
Fórmula: Qué hubo + vocativo
Las formas que funcionan como vocativo son: güevón, marica, mi perro, parce, loco, mi pez, bacán, llave, gonorrea, pana, pelao, mijo, chino, viejo, viejito.

SALUDOS ENTRE MUJERES
Fórmula: Qué hubo + vocativo
Las formas que funcionan como vocativo son: güevón, güevona, vieja, marica, perra, parce, loca, mi amor, mi vida, muñeca, hermosa, churra, baby, nena, gorda, gordis, flaca; además se utilizan las formas hipocorísticas de los nombres: Guille por Guillermo, Natis por Natalia, Juanpis por Juanpablo.

Este tipo de saludos sólo se da entre pares de la misma edad y condición social. Frente al adulto utilizan las formulas neutrales “¿Qué tal?” “¿Cómo estás?” Frente a esta colección de términos utilizados por los chicos surge la pregunta: ¿por qué los jóvenes utilizan vocativos agresivos como formas de saludo? La razón del saludo aparentemente agresivo entre los jóvenes es la de realizar acciones lingüísticas de cercanía. Al sentirse pertenecientes a su propia comunidad de habla, los jóvenes ejercen su competencia sociolingüística saludando con formas disfemísticas, esto es, formas groseras, que han tomado un giro semántico y se han transformado en formas afectivas de cariño. En la conversación de los jóvenes se puede observar que se realiza una ruptura de hábitos lingüísticos acudiendo a los disfemismos, con las cuales marcan su territorio : así hablamos, así nos entendemos, así nos gusta.

En la fórmula Qué hubo + vocativo, vemos que los vocativos tradicionales como ‘quiubo mijo’, ‘madre’, ‘papi’, fueron desplazados por formas tabú: ‘gonorrea’, ‘perro’, ‘güevón’, ‘marica’ y por otras formas del habla general colombiana: ‘parce’, ‘bacán’, ‘pana’. Lo que se observa es que el que no maneja el código de la comunidad de habla de los jóvenes, puede interpretar el uso de estas palabras como insultos o agresión. Luego, ¿cuáles son los acuerdos sobre los que el joven establece que las formas tabú en el saludo no sean interpretadas como insulto? ¿Qué sucede para que un insulto se convierta en un término de afecto?

Al parecer la convención general entre jóvenes establece que la descortesía está muy relacionada con el grado de amistad de su interlocutor, de este modo se trata de modo más grosero y soez cuanto más amigo o amiga se es. Y se trata con mayor formalidad y delicadeza cuanto menos vínculo de amistad une a los interlocutores. Ejemplo de esto es el siguiente fragmento de una conversación entre jóvenes:

A: ¿Qué más?
B: ¿Qué más, todo bien?
A: ¿Cómo le fue anoche?
B: Parce pasó de todo.
A: ¿Y eso?

En este saludo no hay uso de vocativos, hecho que indica un trato formal que marca distancia. En contraste está el clásico saludo afectivo entre los hombres:

A: Quiubo, marica, malparido.
B: Entonces qué, car’e culo.
A: ¿Bien o no, papá?

Este saludo cumple con el uso de formas vocativas que marcan la cercanía entre los interlocutores, un poco cumpliendo con el adagio popular “porque te quiero te aporreo”; la agresión se transforma en afecto, realizando actos de habla de simpatía.

Así bien, lo que los adultos interpretan como formas agresivas y ofensivas en el saludo son en realidad nuevas formas de saludo. Se ha efectuado una resemantización de las formas ofensivas, un paso del plano del disfemismo (que se interpreta como el uso de las formas tabú con intención ofensiva), al plano del aprecio; estos términos toman connotaciones afectivas que entablan lazos de cercanía, familiaridad, cariño…

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