Cultura

La Felación y el Fútbol

Equipo de Fútbol
Cultura | By Francisco Enríquez Muñoz
27.12.2010
Info complementaria
La palabra esperma proviene del griego “sperma”, que significa “semilla”. El esperma, mejor conocido como “semen”, es un líquido viscoso y blanquecino (¿acaso será verdadero el cliché que asocia el blanco con la inocencia?).

La felación adquirió en el universo porno carta de protagonismo gracias a la película Garganta profunda (Gerard Damiano, 1972), donde la protagonista, Linda Lovelace, no consigue llegar al orgasmo ni masturbándose ni fornicando, por lo que acude a un sexólogo. Éste, después de examinarla, le dice que, debido a una mutación genética, ella tiene el clítoris instalado en la garganta. El personaje que interpreta Linda sólo obtendrá el goce supremo practicando la felación de una forma muy especial: el glande deberá frotar su garganta, lo que explica el título de la cinta. Andy Warhol, el padre del pop-art, dirigió en 1963 la película Blow Job (felación o mamada, en inglés), de unos 35 minutos de duración, que se compone exclusivamente de un plano cerrado sobre el rostro de un hombre al que es más que obvio que alguien, quien la cámara no capta, le estimula el pene de forma linguabucal. Pero hay muchísimas películas de cine convencional (cine que no se considera a sí mismo como pornográfico y que a veces logra exhibirse hasta en el Festival de Cannes) que muestran felaciones reales de forma explícita. Aquí sugerimos sólo unas cuantas: El Imperio de los Sentidos (Nagisa Oshima, 1976), Calígula (Tinto Brass, 1979), El diablo en el cuerpo (Marco Bellocchio, 1986), Viólame (Coralie Virginie Despentes, 2000), Intimidad (Patrice Chéreau, 2000), Anatomy of Hell (Catherine Breillat, 2003), Los debutantes (Andrés Waissbluth, 2003), The Brown Bunny (2004), 9 Orgasmos (Michael Winterbotton, 2004), Batalla en el cielo (Carlos Reygadas, 2005), Shortbus (John Cameron Mitchell, 2006), Anticristo (Lars von Trier, 2009).

La palabra “felación” viene del latín fellare, “chupar”. En Fenicia y el antiguo Egipto, la felación era un arte practicado por algunas mujeres, no siempre prostitutas, conocidas como felatrices, que acostumbraban pintarse los labios bucales de color rojo para dar a conocer su inclinación por ese arte.

La felación es impactante y efectiva porque despierta ideas y temores atávicos. Primeramente está el antagonismo entre un rostro, la sede de la expresividad y las emociones, y un falo, el símbolo de la virilidad y la parte del cuerpo que es homóloga a una babosa, un miembro que al estar despojado de contexto parece adquirir vida propia.

La felación es un icono sexual que invita a la fantasía antropofágica, al temor del canibalismo, a la mutilación y al terror de la castración. Es una encarnación del fatídico mito de la vagina dentata, una entidad de placer y de amenaza, cuyo atractivo reside en esa dicotomía. Pero a la vez, representa la pesadilla de una invasión del cuerpo por una especie de descomunal gusano, parásito o tentáculo capaz de disparar una sustancia viscosa. Este tipo de imágenes son muy recurrentes en las alucinaciones de ciencia ficción del anime y manga japoneses (y sus incontables imitadores), donde las heroínas son a menudo acosadas por engendros extraterrestres e infernales que buscan penetrarlas bucalmente.

El recuerdo de una mamada perdura más que el recuerdo de un coito: a diferencia de éste, una felación tiene como un algo de regalo o de premio. Regalo, premio: por eso duele más una traición oral que una coital: cualquier hombre o mujer puede, pasivamente, resignarse a fornicar: nunca a mamar; mamar, aunque se le ponga un precio, siempre es un acto de voluntad.

La autofelación sólo ha sido ejecutada por actores sumamente flexibles (como el pornstar Ron Jeremy en sus buenos tiempos) y por los que ostentan una erección de monstruosa longitud.

Lo más habitual es que la curiosidad, el placer de dar placer y una manifiesta sensación de dominio se encuentren mezclados en la mujer que se atreve a chupar un pene. Cierto es que a muchísimas damas no les gusta tener este tipo de experiencias. En algunos casos se trata de una posición ideológica. La felación, casi siempre, obliga a la mujer a ponerse de rodillas. Esa postura representa, simbólicamente, sometimiento y sumisión; y puede ser vista por los ojos de una feminista como una humillación. En otros casos, es una cuestión de escrúpulos. Por mucha higiene que haya, existen féminas que no soportan la idea de utilizar la boca para estimular a la ingle erguida de algún solicitante deleitoso (hace años, una novia mía me respondió que no, yo no soy prostituta, ¡cómo crees que voy a hacerte eso! ¡Por ahí orinas! ¡Qué asco!). Y también hay hembras a las que les encanta chupar el sexo de sus machos, pero no toleran que les arrojen el semen en la cara o en la boca. A otras no les importa el lugar en el que les caiga el zumo masculino, pero se niegan a tragárselo. A otras les fascina tragarse el jarabe de palo, pero les desagrada sentirlo en su cara. A otras les complace acariciar, besar y lamer al órgano viril, pero enloquecidas, traviesas, seductoras, sabias, falsas, putas, santas, se lo meten en la boca con el afán del yonqui al clavarse la jeringa justo cuando él empieza a descargar todo su placer y, sin soltarlo, sin dejarlo salir, satisfechas y triunfantes, dispuestas a pedir nada a cambio, lo envuelven con toda la calidez de su boca hasta la raíz, lo exprimen con los labios hasta el último gemido, lo ordeñan con la lengua hasta el último temblor, lo vacían hasta la última gota.

La imagen de un chorro de líquido blanco disparado sobre un rostro femenino es un icono recurrente en el cine y la publicidad. Pero el semen sobre el rostro femenino, además de verificar la autenticidad del orgasmo masculino, viene a constituir una marca visible del hombre sobre la parte más expresiva y emocional de la mujer, una mujer deseada y poseída por él. El semen no es un producto de excreción, no es un desecho corporal. Por lo tanto, arrojar semen sobre la cara de una mujer no tiene nada de humillante ni de asqueroso. Claro, mientras las dos partes estén de acuerdo.

La palabra esperma proviene del griego “sperma”, que significa “semilla”. El esperma, mejor conocido como “semen”, es un líquido viscoso y blanquecino (¿acaso será verdadero el cliché que asocia el blanco con la inocencia?). Contiene un gran número de sustancias, entre ellas ácido ascórbico, cloro, colesterol, ácido cítrico, ácido láctico, ácido pirúvico, urea, ácido úrico, vitamina B12 y zinc. Considerando de lo que se trata, no es extraño que muchas féminas le encuentren un sabor desagradable: a detergente, queso Brie, lejía, calcetines sucios o mocos. Pero las hortalizas le dan buen sabor al esperma, sobre todo el apio y el brócoli, así como algunas frutas dulces tales como piñas, plátanos y papayas. Una buena noticia para los bebedores de cerveza: ésta es la bebida que produce mejores resultados.

Gagging (término gringo que proviene de la onomatopeya gag) es cuando un pene erecto se mete en la boca de una mujer con brutalidad y tan profundamente que a ella se le aflojan las lágrimas, los mocos y las babas, y hasta tiene violentas arcadas. Gagging (o face fuck o mouth fuck en el universo porno) es exactamente la misma cosa que irrumación. La palabra “irrumación” viene del latín irrumare, “amamantar”. El hombre irrumado (el felado) se dedica a mover la pelvis hacia atrás y hacia delante, mientras sujeta del cabello o de la cabeza a la mujer irrumadora (la feladora). Ella, usualmente tendida bocarriba o de rodillas y en actitud pasiva, muy quieta, se limita a mantener la boca abierta. La irrumación finaliza cuando el interior de esa boca se anega de semen. En la antigua Roma la irrumación se consideraba una vejación. Actualmente, la irrumación extrema, casi sadomasoquista, es aquélla en la que la mujer, totalmente desnuda, tiene los ojos vendados, las manos atadas por la espalda y los tobillos esposados.
¿Y todo eso qué tiene que ver con el fútbol soccer?, se preguntará usted, querido lector, con toda justicia. Pues resulta que la respuesta es: nada, absolutamente nada. Pero al menos lo hice leer, ¿no?

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