Bancos, vallas, farolas y demás servidores del espacio público trascienden su misión funcional para ser los nuevos arquetipos de la ciudad moderna. Con la maestría para extraer del hormigón una sustancia poética, los muebles urbanos “Escofet” nos abrazan en parques y bulevares del mundo, devolviéndonos la costumbre olvidada de dialogar con el otro y recuperar nuestro perdido gen de homo ludens. En nuestro cuerpo real; no todo el espacio público es myspace.
Lo sepamos o no, todos llevamos dentro a esta empresa barcelonesa, algunos de cuyos productos forman parte del inconsciente de nuestras ciudades. Y si no, que levante la mano quien no haya descendido nunca por las Ramblas de Barcelona, extasiado entre los aromas de las flores, la brisa del mar y, bajo los pies, ese suelo de formas onduladas. ¿Quién no ha caminado por el Passeig de Gràcia, admirando no sólo La Pedrera sino también el Panot Gaudí que conforma las aceras como una alfombra de criaturas marinas? Esta pieza hexagonal única en el mundo es la actualización del pavimento que el genial arquitecto diseñó para “Escofet” en 1904. La historia de esta compañía barcelonesa, desde su creación en 1866, no se concibe sin la punta de lanza del pionerismo tecnológico y estético. Aquella revolución que supuso el mosaico hidráulico para interiores, desarrollado por el propio Gaudí en los talleres de esta casa, y que en los 70 culminaría con el gran salto del cemento al hormigón, es uno de los grandes hitos con los que “Escofet” inaugura un nuevo episodio productivo: el hormigón vibrado y armado. Y con éste, la intervención en áreas constructivas diversas, pavimentación, fachadas, proyectos urbanísticos, organización de espacios, diseño de elementos urbanos. Siempre por delante de su época, esta empresa familiar con proyección mundial, ha impulsado dinámicas de sinergia con los sectores de la industria, enarbolando el codo a codo como metodología. Ahora como antaño, su arraigada cultura del proyecto ha suscitado la empatía con las figuras más notorias del diseño y la arquitectura. Desde Gaudí, Bassegoda, Riquer, Puig i Cadafalch, Rubió i Bellver hasta Bohigas, Zymmermann, Gae Aulenti, Ignasi de Solá Morales, Milà, Benedito, Mateo, Lluscà, Piñón-Viaplana, Tusquets, Miralles-Tagliabue, Toyo Ito, Enric Pericàs, Isozaki, Mansilla y Tuñón, Ursula Kurtz, Karsten Bro, Loterztain… Una lista jugosa con más de un centenar de destacados nombres. Y en su trayectoria, numerosos galardones, entre éstos el Premio Nacional de Diseño.
POÉTICAS DE TRANSGRESIÓN // Con un potente know-how cimentado en casi siglo y medio de historia, “Escofet” es muchas cosas. Es vocación por dotar a la ciudad de equipamientos expresiva y tecnológicamente acordes con el presente. Pasión por decodificar formas, por salirse de lo previsible. Es voluntad de investigar tipologías nuevas. Y de aportar sistemas de funcionalidades abiertas, ricos en categorías culturales, estilísticas y artísticas. Es arte industrializable con formatos de un hormigón cada vez más inventivo, confortable y placentero. Hormigón solo, o con madera, vidrio, acero inoxidable, aluminio, corten o piedra natural. Tarde o temprano, en un parque, bulevar o plazoleta de nuestro barrio (o un barrio de Madrid, Amsterdam, Fukuoka, Zaragoza o Tokio) un día nos encontramos frente a personajes tan especiales como Twig, Flor, Sagrera, Bilbao, Link, Islero, Longo, Slope, Isi, Godot, Ful. Y de pronto el lenguaje se nos quedará estrecho. Son bancos, mesas, vallas, papeleras, farolas, jardineras, ceniceros, sí. Pero son, ante todo, híbridos multidisciplinares. Porque lo que distingue precisamente a esta firma es su capacidad de configurar sus productos desde un marco proyectual donde arquitectura, urbanismo, diseño de espacios, fabricación de elementos constructivos, diseño industrial y arte se relacionan. “Escofet” ha ampliado el discurso: ahora un banco, además de un banco, es una propuesta abierta de ergonomías sugeridas... Así como una valla es una simbiosis entre el paisaje natural y el espacio artificial.
De lo que se trata es de ahondar en los nuevos significados y requerimientos del bienestar colectivo, en la calidad estructural de nuestras ciudades a través del desarrollo de objetos de amplias miras, más lúcidos formalmente, que posibiliten una relación sensible con la naturaleza, con uno mismo y con los demás. Piezas que potencien los placeres culturales y sensitivos. Que satisfagan nuestras necesidades lúdicas y emocionales. Y encima que, como urbanitas, nos den la mejor solución en el plano funcional. ¿Alguien da más?