Arquitectura

OSAKA E HIROSHIMA

Fotografía: © Jeffrey Gelens
Arquitectura | by Rubén B.
07.02.2012
Info complementaria
Publicado en d[x]i 28

O cómo abordar un edificio desde dos filosofías de actuación bien distintas y salir triunfal.

OSAKA // Dicen que sus ciudadanos están muy orgullosos del centro de tratamiento de residuos en la Isla Maishima del Puerto de Osaka. Y no es para menos, el edificio recoge el agua de lluvia y recicla sus residuales para mantener los árboles y plantas que lo cubren, rodean y adornan sus terrazas y balcones; también aprovecha al máximo el calor que genera por la incineración de residuos para la obtención de energía, parte de la cual se destina a iluminar el edificio por la noche para regocijo de propios y extraños que cruzan la Autopista Elevada Nº5 de la Costa de Osaka a Kobe. Construida junto a grandes instalaciones deportivas, habría sido objeto de asombro para el público internacional de haberle ganado a Beijing la carrera por las Olimpiadas del 2008. El exterior es obra del fallecido artista Friedensreich Hundertwasser, que pensaba que la línea recta conducía a la ruina de la humanidad y que llegó a realizar un manifiesto en contra del racionalismo en la arquitectura: el Verschimmelungs-Manifest o Manifiesto del Enmohecimiento. Situado junto a una planta de tratamiento de aguas del mismo autor, este centro de tratamiento de residuos es una de las últimas manifestaciones de las cuarta y quinta pieles que Hundertwasser atribuía al ser humano: tras la epidermis y la ropa, la casa, el entorno social y el planeta. Su preocupación por el destino de la biosfera y la calidad del aire que respiramos o el estado de la corteza terrestre que nos acoge y alimenta fueron esenciales en el desarrollo de su carrera artística y personal. Considerando el plantar árboles un deber del hombre y otro no menos importante el diseñar la fachada de tu casa, Hundertwasser, en su segunda adición al Manifiesto del Enmohecimiento subraya que la actividad del arquitecto debe subordinarse a los deseos de los moradores, reforzando así el derecho de éstos a su tercera piel. Esto se traduce en que un arquitecto o un diseñador no tiene la razón última creadora, sino que ésta le pertenece al usuario, algo que de llevarse a la práctica provocaría mucho dolor entre las élites mediáticas resaltadas en negrita en los couchés.

HIROSHIMA // La planta incineradora de residuos de Naka forma parte del Hirosima 2045 Paz y Creación, proyecto para el centenario del bombardeo estadounidense que promueve infraestructuras sociales bien diseñadas. Así, en Naka-Ku, mediante el uso de corredores acristalados, se puede recorrer la planta apreciando la belleza de los aparatos incineradores, la racionalidad siempre elegante del diseño industrial bien entendido. Estos corredores, llamados aquí ECORIUM por la unión de las palabras Ecología y Atrium, materializan la vuelta que se le quiere dar al NIMBY o No en mi patio de atrás (Not In My BackYard), dándole visibilidad a un proceso que se ha querido esconder. Este diseño tan visible propiciado por el Hiroshima 2005 es obra del arquitecto Yoshio Taniguchi, hijo del también arquitecto Yoshirò Taniguchi. Conocido por diseñar bastantes museos japoneses, su renombre internacional se debe a haber ganado en 1997 el concurso para el rediseño del MoMA de Nueva York contra un plantel de diez equipos internacionales de gran empaque.

El proyecto del MoMA y el de Naka-Ku son paralelos en el tiempo, y si en Nueva York su ambición era crear un ambiente ideal para la interacción de las personas y el arte, en Hiroshima era crearlo para las personas y las incineradoras, y este ambiente finalmente se tradujo en unos espacios que bien podrían ser los de exposición de un panorama continuo. La precisión, elegancia, sencillez y dignidad con que se puede recorrer la planta son deudores de una arquitectura tranquila y humana generada desde la preocupación ambiental y espacial. 

 

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