Masculino, suciedad, mal olor, descuido… son palabras que nos vienen a la mente cuando pensamos en los urinarios. Pero, ¿por qué no verlos como escenarios donde suceden cosas, donde los hombres aparecen y desaparecen? Aquí no hay guión. Los actores interpretan sin palabras y cada uno a su manera. Es una interpretación libre que repite acciones y sonidos… los pasos, los rumores de cremalleras que se accionan, el ruido del agua purificadora, la murga indiscreta de los secadores, las miradas de soslayo y, por fin, el mutismo de nuevo. Salidas y entradas a escena, y entre cada representación, el silencio, la quietud, el vacío. Es precisamente ese escenario vacío lo me atrae, lo que desata mi fantasía. En mi mente pongo cara y cuerpo a los actores ausentes, los visto, los dirijo, les hago interpretar un papel. Escribo el guión.