En la antigüedad, cuando los poderes político y religioso iban de la mano, se construyeron edificios para asombrar al pueblo: grandes monumentos para conmemorar una victoria en la guerra, palacios de dimensiones descomunales para incidir en el poder del monarca, enormes edificios destinados al culto para hacer entender a los hombres que no son nada en comparación con dios, recintos funerarios para rendir homenaje a un emperador… Más tarde, con la aparición del capitalismo y el dinero moviendo los hilos por encima de todo lo demás, los viejos poderes quedaron relegados a un segundo plano y los enormes rascacielos despuntaron en el horizonte de las ciudades para albergar oficinas de importantes bancos y empresas, dando perfectamente a entender quién es el que ahora manda.
En las últimas décadas y fomentado por la aparición de los primeros rascacielos a finales del siglo XIX, han ido apareciendo edificios más bien ensimismados, aislados, hechos más para la contemplación, despreocupados con la realidad que rodea al lugar donde se han construido. En este sentido, hemos podido observar cómo en Valencia Santiago Calatrava ha cultivado un nuevo parque plagado de edificios icónicos, que poco o nada tienen que ver con lo que les rodea. Formas caprichosas, elementales, ajenas a la escala de las personas para albergar un parque temático de la ciencia: un ojo que hasta parpadea, un gran costillar como si se tratase del esqueleto de un animal varado en la orilla del río, un casco de guerra que hace las veces de auditorio y otro sinfín de elementos cónicos parecidos a conchas y animales marinos llegados de otro mundo. No es casual que el remake de la serie V de los 80 haya utilizado imágenes del recinto de la Ciudad de las Artes y las Ciencias para ambientar el interior de una nave nodriza de la serie de alienígenas. De forma más reciente, también aparece el Auditorio de Tenerife, donde una exuberante vela doblada no quiere más que deslumbrar a todo el que viaje a la isla. Pero el colmo es el nuevo Palacio de Congresos que se está construyendo en Oviedo, donde parece que la nave Enterprise de Star Trek haya aterrizado. No hay una relación con el entorno ni una vocación de asumir la ciudad preexistente, sino más bien un ¡eh, ya estoy aquí, he llegado a la ciudad!
Frank Gehry, el maestro de los pliegues, es sin duda otro ejemplo. En Praga construyó un edificio de lo más kitsch constituido por 2 bloques que se abrazan haciendo referencia a los bailarines Fred Astaire y Ginger Roger. En Bilbao dio la campanada con el Museo Guggenheim, donde las planchas de titanio supusieron el pistoletazo de salida a lo que se ha venido a llamar arquitectura mediática. De la noche a la mañana unos astilleros abandonados se convirtieron en el centro de atención a nivel mundial. No es casual que cerca de allí repitiera la operación en el hotel de las bodegas Marqués de Riscal en Elciego. El estrafalario Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles fue parodiado brillantemente por Matt Groening en los Simpsons, donde se veía que el autor diseñaba un auditorio similar a partir de un papel arrugado tirado en el suelo; el edificio se levantaba con prismas rectos que después eran golpeados hasta conseguir las formas tan características de su arquitectura.
El complejo Cuatro Torres Business Area, que ocupa los terrenos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid (situado frente a una pequeña colonia que levantó Secundino Zuazo para los trabajadores de la Empresa Municipal de Transportes) contrasta de forma estrepitosa con su entorno: el saturado hospital de La Paz, el más que modesto barrio de Tetuán y el Parque Norte, levantado sobre una antigua escombrera. Este complejo, que puede verse incluso desde fuera de la Comunidad de Madrid, quiso ser símbolo del progreso y los nuevos tiempos de la ciudad, coincidiendo precisamente con una de las crisis más graves que ha azotado la economía a nivel mundial. Para más inri, tras estas torres está levantándose el Centro de Convenciones de la Ciudad de Madrid, que parece un gran queso dorado y que bien recuerda a otras creaciones de los mismos autores.
Asimismo, Rem Koolhaas proyecta en los Emiratos Árabes una ciudad en mitad de la nada y, con la excusa de levantar algo que mire por encima de todo lo demás, propone un gigantesco edificio de forma circular (semejante a la famosa Estrella de la muerte de La Guerra de las Galaxias) que parece que en cualquier momento va a rodar por las dunas del desierto… Y es que en la mayoría de estas propuestas de arquitectura de autor, lo que muchos políticos buscan es una firma para su ciudad y no tanto que sus edificios respondan a unas necesidades concretas. Así de abstractos (u obtusos) nos hemos vuelto, que importa más situar una ciudad en el mapa y en los medios, antes que responder a las necesidades reales de los ciudadanos que las viven (o sufren) a diario. Y luego encima dirán que se les ha ido un poco de presupuesto.