MADRID - MAYO 2009
En los últimos años se aprecian en Madrid intervenciones arquitectónicas que destacan en el ámbito internacional entre entendidos y público general. Otras menos publicitadas despuntan de forma local, con el reconocimiento de los profesionales y una ciudadanía cada vez más exigente. Esto ha sido así en gran medida gracias a la intervención de instituciones públicas, como las convocatorias de concursos de la EMV (Empresa Municipal de la Vivienda), que han conseguido que podamos soñar con nuevas formas de habitar frente a modelos de crecimiento obsoleto como los PAUS, en los que la mediocridad nos deja además todo un monumento a la especulación, símbolo de la crisis actual. Entre esa mediocridad sobresalen para bien edificios como el Mirador de Sanchinarro (de los holandeses MVRDV) o actuaciones urbanas como el Ecobulevard en el Ensanche de Vallecas.
La construcción de nuevos equipamientos también ha propiciado que podamos disfrutar de edificios de reconocidos arquitectos, anónimos para la población y alejados del estrellato mediático que tanto daño ha hecho a esta profesión. Ejemplos de estos edificios son las bibliotecas de Mirasierra (de Andrés Perea) o de Usera (de Iñaki Ábalos y Juan Herreros); polideportivos como el del Retiro (también de Ábalos y Herreros); la recuperación de las Escuelas Pías como Biblioteca para la UNED en Lavapiés (obra de José Ignacio Linazasoro) o la antigua Fábrica de Cervezas El Águila convertida brillantemente en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid por los arquitectos Tuñón y Mansilla, responsables también del proyecto El Sol, futuro centro de convenciones que se edificará entre las cuatro torres de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid.
No sólo los organismos públicos se han encargado de mejorar el panorama arquitectónico de la capital. Las empresas privadas -en ocasiones puntuales y sirviéndose del tirón mediático-publicitario que ha tenido la arquitectura en los últimos tiempos- han erigido para sus nuevas sedes edificios representativos y de un gran nivel arquitectónico, como son el Distrito C de Telefónica (de Rafael De La-Hoz) o el Caixa-Forum. Este último, sede madrileña de la Fundación Cultural de La Caixa y diseñada por los arquitectos suizos Herzog y De Meuron, es una de las mejores obras construidas en la ciudad en los últimos tiempos, tanto por su integración en el entorno como por su calidad como edificio en sí mismo. Más discutibles son otras intervenciones en grandes museos que, desgraciadamente, parecen haberse convertido en una oportunidad perdida para Madrid.
Pero en la capital no sólo podemos contemplar arquitectura de nueva factura. En sus calles es posible disfrutar de edificios de los grandes maestros de la arquitectura española del siglo XX, que conviven en Madrid pasando desapercibidos para muchos ciudadanos. Ejemplos de ello son el Círculo de Bellas Artes (de Antonio Palacios), primer edificio híbrido y realmente polivalente que se construyó a principios del siglo XX; el Edificio BBVA y las Torres Blancas (de Sáenz de Oíza) o el Edificio Telefónica en la Gran Vía, primer rascacielos con estructura metálica de la ciudad. Son buenos ejemplos de una arquitectura intemporal que, más allá de modas y especulaciones, puede ser admirada en cualquier época.